Miércoles | Junio 27, 2007

Wainwright

 

Kevin Butcher, el genio del slide-guitar de Hondarribi me pasó los discos, que a su vez se los había grabado un amigo suyo de Inglaterra. Hacía mucho, pero que mucho tiempo que no me emocionaba con unas canciones de la manera que lo hacen éstas de los hermanos Wainwright.


Es verdad que en la primera escucha no les hice mucho caso. Incluso pensé que Martha era una más entre esas vocecitas féminas tan al uso y Rufus un tipo engolado y pretencioso.


Por pura casualidad, aquellos días estuve haciendo bricolages en casa y sonaron los discos una y otra vez, por la simple pereza de quitarlos del lector o porque tenía las manos manchadas de pegamento. Ahora no sé cual de los dos hermanos me gusta más. ¡Qué composiciones! ¡Qué arreglos! ¡Qué timbre de voz! Estoy atónito: Esto es admirable.

He leído que Rufus es una mezcla de Liza Minelli y David Bowie. ¿Pues no están esos dos monstruos acaso entre mis artistas favoritos? Carajo, pues claro que sí. Y tienen razón los que han hecho esa comparación porque Rufus compone rock y baladas con un resabio de musical de Broadway y al estilo complejo y barroco del señor Stardust. A veces hasta me recuerda al Lou Reed orquestal de Berlín, por ejemplo en la maravillosa canción Beautiful Child.

El timbre y el vibrato sostenido de la voz de Rufus es incomparable y ya nunca podré confundirlo con otro si lo oigo distraídamente en la radio. Incluso se me hace agradable ese punto una pizca hortera que a veces saca a relucir y se lo perdono del todo.


Sólo tengo su álbum "Want One", y me dicen que acaba de sacar uno nuevo. ¡Y hasta tengo ilusión en comprármelo! ¡Y estoy ahorrando! Es... como volver 20 años atrás.


Con respecto a Martha, he leído que entra en el movimiento de las New-folks, pero yo no le veo demasiado ni la enagua ni las briznas de heno. Más bien me recuerda a la mejor Patti Smith en las canciones más urbanas y rockeras y a ella misma, autenticamente Martha misma, en las bellísimas baladas que compone y canta con esa voz suya tan plena y tan potente.


La Wainwright practica dos registros claramente diferenciados de desgarro y de ternura, igual que la escala de acordes que maneja, que en ocasiones es oscura y en ocasiones meridiana, aunque siempre muy compleja y elaborada, nada fácil.

El disco que tengo es una grabación casera del amigo de Kevin y por desgracia se le olvidó rotular el título, así que no puedo decir aquí, ni cual es, ni qué posición tiene en su carrera, aunque calculo que es del año 2005 aproximadamente. Eso sí, entiendo que hay canciones con títulos tales como Factory, These Flowers, This life, etc, a juzgar por los estribillos.

Martha Wainwright y Rufus Wainwright: estoy hechizado. Tienen un apellido endemoniadamente difícil de escribir y pronunciar, todo lo contrario que el elogio de sus canciones...¡vaya par de hermanos, vaya par de genios!

Posted by at 20:59:32 | Permanent Link | Comments (2) |

Balzac

 

Estoy leyendo estos días "La prima Bette" de Honorato de Balzac. Ahora mismo, en la página 337, acabo de leer esta frase : "Dormía Valeria en una postura encantadora: Era bella como son bellas las mujeres lo bastante bellas para ser bellas en el sueño"


¿Q ... q ..., qué hacemos con esta frase?

Posted by at 20:56:45 | Permanent Link | Comments (0) |

Lunes | Junio 25, 2007

Ross Macdonald

 

Si empiezas con Ross Macdonald ya no puedes parar. El azar quiso ponerme en el rimero de "libros por leer" tres novelas de este autor que he comprado como siempre en los mercadillos de segunda mano. En dos o tres semanas los he devorado con furia noctámbula. Los títulos en castellano son : "La bella durmiente", "El enemigo insólito" y "Los maléficos". El primero de ellos en la famosa editorial Bruguera Novela Negra; El segundo en una edición original del año 69 del Séptimo Círculo, dirigida por Borges y Bioy Casares; La tercera novela en una colección infame.

Todos ellos están protagonizados por Lew Archer, un investigador privado que es a Macdonald lo que Marlowe a Chandler o Spade a Hammet. Seguramente son los tres mejores autores del género, con el permiso de Horace McCoy.

Ocurre que Archer es más actual. Habita una California de los años 60 y 70 donde hay hippies y heroinómanos. La técnica es siempre similar: Alguien desaparece en el primer capítulo y Lew Archer lo busca a lo largo de la narración. Claro está, no aparece sino en la última página y dando un vuelco a todo lo que uno imaginaba. Mientras tanto van desfilando los personajes, en un número tan grande que es importante leer la novela en pocas noches si no se quiere perder el hilo. En el centro de la acción siempre hay dos o tres asesinatos y alguna jóven heredera muy atractiva. Por supuesto, Lew Archer cuenta el caso en primera persona y se otorga para sí el corazón más generoso y desprendido de toda Norteamérica. A menudo se emborracha con un cóctel llamado Gibson que debe estar buenísimo y apenas se alimenta sino con una hamburguesa entre tiroteo y tiroteo.

De verdad, son libros, que aunque de pura evasión, se leen con un placer inigualable. Eso sí, al día siguiente de acabar y cerrar el libro, se olvidan y apenas podrías contar el sucedido. ¡Y qué más da!

Posted by at 19:53:18 | Permanent Link | Comments (0) |

Casares

 

Mi amigo el poeta donostiarra Pablo Casares ha publicado un libro que lleva el escudo del ayuntamiento de Granada en la contraportada. ¡Qué bien queda eso ahí impreso! "Fingiré que estoy de paso" es el título del libro, la materialización del premio "III certamen Zaidín de Poesía Javier Egea". Es un volumen delgadito de 65 páginas, de un palmo de la mano de largo por unos diez o doce centímetros de ancho, de color blanco cassé, con letras negras y rojas en la portada.

En el prólogo nos enteramos que Javier Egea era un poeta, acaso maldito, seguramente maldito, que habitaba el barrio granadino de Zaidín. Es hermoso pensar que unos amigos suyos hayan guardado su memoria y se hayan tomado el trabajo de instaurar un premio, preseleccionar los textos, elegir finalistas y editar los libros ganadores. Eso, que en las conversaciones de taberna parece tan fácil, es más bien jodidamente complicado, primero llevarlo a término y más tarde "mantenerlo".

"Lo que digo con el pico lo sujeto con la chaira" decía una milonga vieja. Pues eso: doble admiración por el libro.

Tras las páginas del prólogo comienza el poemario (como dicen los cursis) de Pablo Casares.

El poeta es conciso y bien clarito. Los poemas son cortos, a menudo de cinco o séis versos, quizá demasiado breves a mi juicio, aunque valoro el riesgo que supone esa fugacidad de las imágenes. Hay mucha inocencia, mucha pureza; hay un candor angelical, me parece a mí, y mucha emoción sincera vertida. La identificación es inmediata a no ser que uno sea un lunático o un perro.

La pérdida, el dictado del corazón, los viajes y recuerdos, el erotismo, son los temas que Casares roza con extrema sutilidad (y a veces con alguna sutileza) en "Fingiré que estoy de paso". Yo diría que es un libro ingrávido, o a lo sumo, un libro que tiene el peso de una rosa.

Gemma y yo lo hemos leído con gran placer y permanece en mi mesilla de noche.

Posted by at 19:36:11 | Permanent Link | Comments (0) |