Sunday, October 1, 2006

Who by fire

 

Iñaki de Lucas me ha grabado la discografía completa de Leonard Cohen en un solo compacto. El volúmen de canciones es tal que el lector de DVD no logra dar paso más allá de la canción, digamos, número 40, y hay que seleccionar manualmente las diez mil restantes. Si tuviera que hacer un listado de las mejores canciones de la historia, no dudaría en incluir “WHO BY FIRE” de Cohen entre ellas. Desde hace muchos años me ha interesado este tema por una sola palabra que incluye en la letra y que en su momento busqué intrigadísimo en el diccionario.


La palabra es “Ordalías” que viene a significar “juicio de Dios”. Más tarde he leído bastantes casos de Ordalías en libros de historia, y no les falta su interés y su mala leche: Se trata de demostrar la inocencia o culpabilidad de los reos dudosos (mujeres en muchos casos), sometiéndolos a pruebas extremas y arbitrarias, tal que exponerlos a la acción de los rayos en una noche tormentosa; al semienterramiento, o bien a la privación del agua de beber durante días y cosas por el estilo. Hablo de oídas. Los que salían airosos de estas pruebas eran considerados inocentes. Los otros ya se sabe.


Pero bueno, volviendo a Cohen. La canción es corta, gradualmente intensa, de menos a más, con unos arreglos de violines que hacen estremecerse. Hay una cadencia, o un intervalo muy característico de notas negras que atrapa a la primera escucha. Quizá todo resida en esa progresión rápida de semitonos… Lo cierto es que la composición es magistral y nunca se olvida.

Leonardo está acompañado en todo momento por un dúo femenino tan sugerente que hace que uno sangre a borbotones por el costado de puro placer al escucharlo. Sería imposible cantar este tema en español: los versos apenas tienen tres o cuatro sílabas en tres acentuaciones claras, y ya en inglés son una pura elipsis. Dicen, por ejemplo: “Who by fire; who by water; who in the sunshine; who in the nightime…” Áquí, es evidente, falta el verbo.

Todo se soluciona en el estribillo, que es un misterio muy interesante de construcción. Parece ser que en la estrofa, el verbo en elipsis es “Llamar”, y después de toda esta lista de “quienes”, Cohen pregunta: “¿Quién dirías que está llamando?” (o algo por el estilo)

He sabido por una información confusa que “Who by fire” pudiera ser un salmo referido a algún rito mistérico, relacionado quizá con el judaísmo. Y digo esto último porque el músico desciende, si no me equivoco, de judios y la canción es vieja; supongo yo que compuesta antes de que Cohen se hiciera budista. Me gustaría mucho dar con una traducción sólida y fiable de la letra. ( Aparte: me dice Gemma que en el templo budista donde ha pasado Leonardo sus últimos años, éste tenía la ocupación de cocinero o Tenzo, realmente importante y honorable en el seno de esas comunidades)

Hay días que no puedo parar de escuchar este “Who by fire” de Leonard Cohen a todo volúmen por el equipo grande de Zabaleta. Dos veces seguidas al menos. Luego ya en silencio, me preparo la merienda.

 

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Premonición

 

Escucho en la radio esta tarde que se ha estrenado en San Sebastián un documental sobre García Lorca y las circunstancias de su muerte. Se titula “Lorca; El mar deja de moverse” y refiere un verso del poeta describiendo con tal metáfora el efecto de un asesinato. Parece ser que han empleado casi tres años en la investigación y la documentación del film. En el estreno en Granada tuvo que intervenir la Guardia Municipal a causa de altercados en el foyer del cine.


De pronto he recordado el famoso libro de Pablo Neruda “Confieso que he vivido” que leí apenas esta primavera, donde se cuentan muchas anécdotas jugosas, tanto de personajes notables como de villanos. Neruda cuenta que Lorca tuvo una premonición de su propia muerte. Quizá el chileno exagere. Quizá sea una mixtificación poética. Lo cierto es que, negro sobre blanco, la cuenta como cierta. Me ha costado encontrarla de nuevo pero creo que merece la pena.

En realidad Neruda no dice “premonición” sino preconocimiento, concepto mucho más inquietante. Con los artistas de “La Barraca” había llegado a un lejanísimo pueblo de Castilla y acamparon en los aledaños. Fatigado por las preocupaciones, Federico no dormía. Al amanecer salió a vagar por los alrededores. Hacía frío y la niebla se desprendía en masas blancas y todo lo convertía en una dimensión fantasmagórica. Se detuvo frente al portón de una verja de hierro oxidado, salpicada de estatuas y columnas rotas entre la hojarasca.. Era la entrada a una finca feudal. Federico se sintió agobiado y confuso por lo que allí pudiera suceder.

Un corderito pequeño llegó a ramonear las hierbas entre las ruinas y su aparición era como un pequeño ángel de niebla que humanizaba la soledad. El poeta se sintió acompañado.

De pronto una piara de cerdos entró también al recinto. Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos semisalvajes, con hambre cerril y pezuñas de piedra.

Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron.

Esta escena de sangre y soledad hizo que Federico ordenara a su teatro ambulante continuar de inmediato su camino.

Neruda termina diciendo que tres meses antes de la guerra civil, Lorca le contaba, transido de horror, esta historia terrible.

Lo he pasado al texto de mala manera y abreviando. En “Confieso que he vivido” se puede leer de manera congruente en el capítulo titulado “El crímen fue en Granada”.

Estoy pensando en las palabras del director del documental, entrevistado esta tarde en la radio: En realidad, lo más impresionante, es que su propia familia fue quien lo sentenció.

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