Ross Macdonald
Si empiezas con Ross Macdonald ya no puedes parar. El azar quiso ponerme en el rimero de "libros por leer" tres novelas de este autor que he comprado como siempre en los mercadillos de segunda mano. En dos o tres semanas los he devorado con furia noctámbula. Los títulos en castellano son : "La bella durmiente", "El enemigo insólito" y "Los maléficos". El primero de ellos en la famosa editorial Bruguera Novela Negra; El segundo en una edición original del año 69 del Séptimo Círculo, dirigida por Borges y Bioy Casares; La tercera novela en una colección infame.
Todos ellos están protagonizados por Lew Archer, un investigador privado que es a Macdonald lo que Marlowe a Chandler o Spade a Hammet. Seguramente son los tres mejores autores del género, con el permiso de Horace McCoy.
Ocurre que Archer es más actual. Habita una California de los años 60 y 70 donde hay hippies y heroinómanos. La técnica es siempre similar: Alguien desaparece en el primer capítulo y Lew Archer lo busca a lo largo de la narración. Claro está, no aparece sino en la última página y dando un vuelco a todo lo que uno imaginaba. Mientras tanto van desfilando los personajes, en un número tan grande que es importante leer la novela en pocas noches si no se quiere perder el hilo. En el centro de la acción siempre hay dos o tres asesinatos y alguna jóven heredera muy atractiva. Por supuesto, Lew Archer cuenta el caso en primera persona y se otorga para sí el corazón más generoso y desprendido de toda Norteamérica. A menudo se emborracha con un cóctel llamado Gibson que debe estar buenísimo y apenas se alimenta sino con una hamburguesa entre tiroteo y tiroteo.
De verdad, son libros, que aunque de pura evasión, se leen con un placer inigualable. Eso sí, al día siguiente de acabar y cerrar el libro, se olvidan y apenas podrías contar el sucedido. ¡Y qué más da!
