Sábado | Diciembre 02, 2006

Como Baterbly

 Resulta gracioso lo que dicen los catedráticos Fernando Lázaro Carreter y E. Correa Calderón en un viejo libro de texto que tengo, -supongo que de bachiller-, fechado en 1967, acerca del poeta (grandes mayúsculas) Luis Cernuda.

En los datos biográficos está "todavía" o "solamente" la primera fecha de las dos que componen irremediablemente el paréntesis vital humano. Quiero decir que el gran poeta "aún" vivía.  Así que se nos dice que nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902 y que estudió derecho siendo discípulo de Pedro Salinas y tal y cual.

Más adelante, bajo el epígrafe de "Romanticismo" dicen, (atención):

 

 Cernuda posee un alma romántica. Se produce en él el típico "choque" ochocentista entre el anhelo y el mundo, que él expresa en el título de su libro mayor: "La realidad y el deseo". De este choque el poeta sale asqueado, colérico. Adopta actitudes políticas extremas y muestra gestos poco cordiales. Sus temas iniciales son el amor, la tristeza, los recuerdos de felicidades pasadas, la añoranza de un mundo habitable (...)

 

Luego hablan con susurros y pasan de puntillas, apenas sugiriéndolo, por los temas del exilio americano de Cernuda. Más adelante lo comparan con Becquer y ponderan "la transparente claridad" que ilumina sus versos, y los refinamientos expresivos modernos y la gama de sentimientos. Pero el último párrafo es lo más curioso de todo:

 

    Lástima que muchos de estos versos sean insalubres, y que el poeta haga penoso alarde de ellos. El arte no puede absolverlo y justificarlo todo. 

 

Y así acaba la sección de Luis Cernuda para pasar al siguiente, que estudia a Miguel Hernández.

 

Yo no soy nadie para enjuiciar este texto sacado de un libro que amarillea, con lamparones de vejez y olor a perlas de alcanfor. Simplemente he entresacado estas líneas como una "curiosidad" sin ninguna mala intención. Ahora nos morimos de gusto con lo que antes resultaba desagradable y acre. En lo tocante a la audacia del lenguaje y a la provocación, aparentemente queda muy poco territorio "virginal" y ya ni las viejas se espantan por nada. Sin embargo la lacra de la "corrección política" y la autocensura en el lenguaje avanza y se extiende cada vez a más ámbitos del pensamiento, impidiendo la expresión verdadera y sincera de lo que "realmente" se siente. Hoy en día ciertos libros de Baroja o de Ortega, -o de muchos otros-, serían puestos en la picota por ofensivos contra las razas o las mujeres, etc.

Ya sabemos  que cada época tiene su estética y su moral y que la nuestra tal vez no resulte menos trasnochada que cualquier otra en ojos de una generación futura. Excepto para los grandes genios y los visionarios, creo que la triste regla general es que estamos condenados a un ridículo venidero por nuestras opiniones, gustos y creencias. Es mejor hacer como Baterbly.

 

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