Su truco favorito
He terminado de leer “La comunicación No-Verbal” de una tal Flora Davis, en Alianza. Me gustaría otro día contar algunas curiosidades de este ensayo acerca de los movimientos corporales, las miradas, las manos, el rostro, y cómo se perciben en un plano subliminal por los que nos rodean. Es muy interesante.
Por un raro sincronismo (me gusta leer siempre dos o tres libros a la vez), he terminado también al mismo tiempo “El laberinto de las sirenas” de Baroja. Este libro nos lo hicieron leer en bachiller pero no me acordaba de nada. En otra gacetilla dije que transcurría en Nápoles, pero pronto aparece en la narración un manuscrito póstumo con la vida de Juan Galardi y el grueso del libro es este viejo manuscrito. Muy típico de Baroja, que también lo hace así en otros títulos: El libro dentro del libro. De mocedad a senectud, una vida entera discurre por las páginas y mil vidas entrecruzadas aparecen y desaparecen. En realidad, el libro narra la historia de una mansión construída sobre un acantilado, en la costa calabresa de Italia. Cuando los personajes se desvanecen en la nada, también la mansión se viene abajo.
Baroja hace soñar, cuenta aventuras y hechos extraordinarios pero después nos deja recado de la insignificancia de la existencia. Es su truco favorito. Con las últimas palabras del epílogo, cerrando ya el libro, un suspiro profundo se hace inevitable; quién sabe si no se reprime también una lágrima.
Diego V. se propuso darme envidia y lo ha conseguido: me dice que él también tiene una “temporada barojiana” y acaba de comprarse los dos gruesos volúmenes de memorias “Desde la última vuelta del camino” que acaba de editar Tusquets. Los está leyendo apasionadamente.
Aparte de obras completas, es la primera vez (que yo sepa) que se reúnen estos libros que Caro-Raggio fue publicando a lo largo de los años como títulos independientes. Yo sólo he leído unos pocos. Diego hace recuento y sospecha que aún se publicará un tercer tomo.
Yo tengo que ahorrar, llevar una dieta exclusiva de patatas y cebolletas durante un mes y comprármelos cuanto antes. Los tuve en la mano en Bilintx. Los palpé y luego aspiré el olor del papel crujiente. El precio me mareó un poco. Me puse realmente pálido. Pensé en esperar veinte años a que salieran de lance, ya viejos y roñosos, en los Traperos de Emaús, pero me pareció un tiempo excesivo sin ellos.No me conviene adelgazar, pero algo tendré que hacer si los quiero.
