Domingo | Octubre 01, 2006

Premonición

 

Escucho en la radio esta tarde que se ha estrenado en San Sebastián un documental sobre García Lorca y las circunstancias de su muerte. Se titula “Lorca; El mar deja de moverse” y refiere un verso del poeta describiendo con tal metáfora el efecto de un asesinato. Parece ser que han empleado casi tres años en la investigación y la documentación del film. En el estreno en Granada tuvo que intervenir la Guardia Municipal a causa de altercados en el foyer del cine.


De pronto he recordado el famoso libro de Pablo Neruda “Confieso que he vivido” que leí apenas esta primavera, donde se cuentan muchas anécdotas jugosas, tanto de personajes notables como de villanos. Neruda cuenta que Lorca tuvo una premonición de su propia muerte. Quizá el chileno exagere. Quizá sea una mixtificación poética. Lo cierto es que, negro sobre blanco, la cuenta como cierta. Me ha costado encontrarla de nuevo pero creo que merece la pena.

En realidad Neruda no dice “premonición” sino preconocimiento, concepto mucho más inquietante. Con los artistas de “La Barraca” había llegado a un lejanísimo pueblo de Castilla y acamparon en los aledaños. Fatigado por las preocupaciones, Federico no dormía. Al amanecer salió a vagar por los alrededores. Hacía frío y la niebla se desprendía en masas blancas y todo lo convertía en una dimensión fantasmagórica. Se detuvo frente al portón de una verja de hierro oxidado, salpicada de estatuas y columnas rotas entre la hojarasca.. Era la entrada a una finca feudal. Federico se sintió agobiado y confuso por lo que allí pudiera suceder.

Un corderito pequeño llegó a ramonear las hierbas entre las ruinas y su aparición era como un pequeño ángel de niebla que humanizaba la soledad. El poeta se sintió acompañado.

De pronto una piara de cerdos entró también al recinto. Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos semisalvajes, con hambre cerril y pezuñas de piedra.

Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron.

Esta escena de sangre y soledad hizo que Federico ordenara a su teatro ambulante continuar de inmediato su camino.

Neruda termina diciendo que tres meses antes de la guerra civil, Lorca le contaba, transido de horror, esta historia terrible.

Lo he pasado al texto de mala manera y abreviando. En “Confieso que he vivido” se puede leer de manera congruente en el capítulo titulado “El crímen fue en Granada”.

Estoy pensando en las palabras del director del documental, entrevistado esta tarde en la radio: En realidad, lo más impresionante, es que su propia familia fue quien lo sentenció.

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